26.5.08

Reset

La Edad de la Ignorancia cierra la trilogía que en 1986 inició el canadiense Denys Arcand con El Declive del Imperio Americano. Justo cuatro años después del título intermedio, el muy sobrevalorado Las Invasiones Bárbaras, llega el mejor de sus tres trabajos sobre la acelerada decadencia de la sociedad actual. Un broche de oro, de visionado casi obligatorio, que navega entre la comedia, el melodrama y la crítica sociopolítica.

La cinta se centra en el aturdido personaje de Jean-Marc Leblanc, un funcionario gris al servicio de un gobierno desgastado por su totalitarismo. Un Jean-Marc Leblanc al que da vida un espléndido Marc Labrèche, un actor nacido en Montreal, no muy conocido por nuestros lares y cuyo físico resulta de una mezcla entre David Cronenberg y Donald Sutherland (el cual, por cierto, realiza un breve cameo sin acreditar en el film). El tal Labrèche construye, con total brillantez, a un tipo desencantado quien, para huir de la dura realidad que le envuelve, se deja llevar por su particular universo ensoñador; un microcosmos en el que se encuentra rodeado de bellas y tentadoras mujeres con las que compartir sus más íntimos deseos sexuales.

Su matrimonio no funciona bien. Su esposa es quien aporta la mayor parte del dinero y lleva las riendas de su hogar. Él es un hombre frustrado. Sus tentativas como literato, actor e incluso político, nunca llegaron a buen puerto, y su plaza como empleado estatal no le compensa en absoluto. Sus ideales se han ido a pique. Está cansado de la manipulación y de la mentira. Y, lo peor de todo, es que empieza a hastiarse de ese mundo secreto y erótico con el que, hasta el momento, lograba evadirse en sus momentos más difíciles.

La película de Arcand posee su punto de ciencia-ficción, de cine futurista, un poco a lo Brazil Pero es tan sólo un puntito mínimo, casi microscópico, pues todo cuanto plasma en pantalla no queda en absoluto alejado de las constantes del mundo actual. En menos de cuatro días, nos veremos inmersos en una sociedad igual de amargada y desalentadora como la que se describe en el film. El imperio de lo políticamente correcto y del engaño en forma de vaselina para el pueblo, está al caer (sí es que no ha caído ya). Mucha fachada deslumbrante y, de fondo, una nulidad rotunda en avances sociales, económicos y laborales.

La Edad de la Ignorancia reta al espectador a un replanteamiento total: el de empezar de cero como única medida de salvación. Un reset capaz de abarcar todas vertientes del ser humano. Retroceder hasta descubrir la sencillez de las cosas por primera vez, borrando incluso de la mente las divagaciones más profundas y personales. Una utopía que, como tal, sólo funciona en el cine; una utopía de la que su realizador es altamente consciente pero que, en el fondo y de modo simbólico, la utiliza para arrear una sonora bofetada psicológica a cuantos, con sus despropósitos y falacias, han hecho de este un planeta imposible de sostener. Una utopía bella y emotiva que, gracias a su sanísimo toque de comedia, suaviza la crudeza de cuanto se nos muestra, convirtiendo al film en una esperanzadora fábula que nos ayude a escapar (al menos a nivel individual) de ese arbitrario mundo que visualizó -a la perfección y hace ahora casi seis décadas- George Orwell en su novela 1984.

Una película para disfrutar en todos su aspectos: desde su función claramente caricaturesca y satírica hasta su tono desvergonzado y vitriólico. Si no fuera por el sentido del humor con el que se ha tramado, a buen seguro más de uno saldría hecho polvo del cine.

Por cierto: es de suponer que la "ignoracia" que figura en el título castellano hace referencia directa a la torpeza de sus traductores, pues las "tinieblas" que constan en el original (L’Âge des Tenèbres) se me antojan mucho más descriptivas.

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