18.2.09

Oliver al curry

A Danny Boyle se le dan bien las películas con niños. Hace cuatro años, dio una buena muestra de ello en Millones, una cinta sencilla y desenfadada en donde una maleta llena de billetes a rebosar se cruzaba, de forma casual, en el cerrado universo de dos hermanos pequeños. Ahora, con Slumdog Millionaire y desde el corazón de la India, se acerca a otro tipo de niños, los de la calle. La ciudad de Bombay es su escenario geográfico principal. En el presente, un concurso televisivo y un premio de 20 millones de rupias: Jamal es el adolescente que está a punto de llevarse tal pellizco. En el pasado, la miseria, el hambre y la delincuencia. De fondo, una historia de amor de las de toda la vida.

La cinta está estructura a base de flash-backs, pequeños insertos que aproximan al espectador a tres etapas en la vida de su joven protagonista: a los 7, a los 13 y a los 18 años de edad. Se inicia en la actualidad, justo durante la emisión del ¿Quién Quiere Ser Millonario? hindú y, a partir de aquí y de manera cronológica, van plasmándo diversos episodios de la existencia del concursante: un muchacho, sin estudios y criado en la calle, que está a punto de pasar a la historia de la televisión. Las respuestas a las preguntas que le plantean son certeras. La sospecha de un posible tongo se apodera del Sobera de turno. No iría nada mal un interrogatorio policial en profundidad para descubrir el truco de Jamal... Pero todo es más sencillo de lo que parece ya que, tras cada una de las acertadas respuestas, se esconde una explicación lógica nacida de sus numerosas experiencias vitales.

Slumdog Millionaire, al igual que ese Bollywood al que homenajea sin parar desde los primeros minutos de proyección, tiene un poco de todo, empezando por un gigantesco e ingenioso guiño al Oliver Twist de Dickens, lo mejor, sin lugar a dudas, de la fragmentada película. Incluso, en ella, hasta tienen cabida Los Tres Mosqueteros de Dumas. Melodrama, comedia y aventuras. Amistades truncadas, mafias de barrio y amores prohibidos. La supervivencia en las calles, en forma de picaresca, es su tema central.

Y como remate espléndido, aún imbuido de los efluvios del Bollywood más clásico y apoyando a sus títulos de crédito finales, un brillante número musical de propina, de los de coreografía made in Bombay. Amoríos, misterio, acción y baile: la ecuación perfecta para que el público hindú (y de paso el occidental) salte de emoción en sus butacas. Incluso Anil Kapoor, el espléndido actor que encarna al odioso presentador del concurso televisivo, es uno de los “malos” habituales en la industria cinematográfica de su país.

El film de Boyle funciona bien a casi todos los niveles. Es ágil, siempre va al grano y combina, sin estridencias, diversos géneros. En contrapartida, patina en su abusiva narración al más puro estilo vídeo-clip; un truco como otro para captar la atención del espectador más joven. Música e imágenes a mogollón, casi sin descanso. Diálogos poquitos, aunque inteligentes, tal y como demuestra la deliciosa escena del lavabo entre el citado Anil Kapoor y Dev Patel, el joven y efectivo actor que encarna a Jamal a la edad de 18 años y que, como dato curioso, es el único británico del elenco interpretativo.

Slumdong Millionaire, un título atrevido, poco profundo (a pesar de sus falsas apariencias de cine de autor) y fresco en su trepidante planteamiento.

¿Sería nuestro Carlos Sobera, en su época, tan ruin como el presentador hindú?