20.10.17

SITGES 2017: Jornada 4 (de violencia callejera, vengadores urbanos y fantasmas con sábana incluida)

El domingo 8 de octubre, el Auditorio se despertó con el ritmo trepidante de Bushwick, un film norteamericano que, dirigido al alimón por Cary Murnion y Jonathan Milott, nos propone una acelerada historia, llena de contundentes planos secuencia, en donde una joven, tras bajarse del metro en el barrio de Bushwick de Nueva York, se verá envuelta en una violenta odisea al descubrir, atemorizada, que las calles se han llenado de hombres uniformados y armados que disparan a matar a todo aquel que se ponga en su punto de mira. Un film tenso, entretenido y violento que logra mantener la atención del espectador durante una buena parte de su proyección, justo hasta el momento en que la cinta desvela el porqué de esa matanza callejera; un bajón que, sin embargo, no le resta interés a un producto que se mueve entre el vibrante estilo de los vídeo-juegos más sanguinarios y el espíritu de supervivencia, apoyándose, en todo momento, en el buen hacer de Brittany Snow, su protagonista femenina, y Dave Bautista, su partenaire masculino, esa mole inmensa que en Guardianes de la Galaxia da vida al gigantón Drax. Un entretenimiento sin más.


Darkland, thriller danés dirigido por el checo Fenar Ahmad, es un compacto y visceral trabajo que retoma por enésima vez el imperecedero tema de la venganza. Ambientada en la ciudad de Copenhague, nos muestra como un reputado cirujano iraquí, tras el asesinato de su hermano menor en manos de una banda, movido por el sentimiento de culpabilidad de no haberse encargado más de éste, decide tomarse la justicia por su mano. Un justiciero urbano a las antípodas de los que interpretó habitualmente Charles Bronson ya que, en este caso, el dibujo de sus personajes principales es mucho más profundo, sus escenas violentas (que de haberlas, haylas, y en cantidad) más explícitas y, de pasada, ahondando un tanto en la problemática de los guetos de inmigrantes en nuestra sociedad actual. Correcto e interesante. Por cierto, me gustaría resaltar el parecido físico de su principal protagonista masculino, Dar Salin, con Vin Diesel: tomen nota los yanquis para un posible remake.


La jornada la terminé con una de las mayores tomaduras de pelo del certamen, A Ghost Story, otra paja mental más que, en este caso, intenta ofrecer una nueva visión del cine sobre fantasmas; una perspectiva pedantilla y ridícula al mismo tiempo, ya que su espectro (como si de un cuento infantil se tratara) se pasa todo el metraje pululando como una ánima en pena cubierto por una sábana con un par de agujeros en los ojos. Tal cual. Protagonizada por Casey Affleck (el fantasmita de marras) y Rooney Mara (la viudita afligida), y dirigida por David Lowery (el de la última adaptación de Peter y el Dragón), la cinta, cargada de metáforas y estúpidas segunda lecturas, es aburrida y lenta hasta extremos insospechados; tanto es así que, durante casi cuatro largos minutos, podemos asistir, por ejemplo, a una escena, de plano fijo, en la que Rooney Mara, apesadumbrada y sentada en el suelo de su cocina, se zampa una inmensa tarta a desgana mientras es observada, a lo lejos, por la triste figura del fantasma enfundado en la sábana; sábana que, por cierto, a lo largo de su proyección y queriéndole otorgar cierto toque de veracidad a la cosa (¡alucina, Mari Pili!), se va ensuciando con el paso del tiempo. Ver para creer. Aún no sé qué narices nos ha querido contar el tal Lowery con tal disfunción cinematográfica.


En el próximo post un poco más de este Sitges 2017.

19.10.17

SITGES 2017: Jornada 3 (de sueños repetitivos, novicias morbosas, sociedades distópicas, reservas indias y ritos satánicos desmelenados)

La verdad es que me apetecía mucho ver el primer film del día, Muse, la nueva del catalán Jaume Balagueró, un cineasta del que suelen engancharme la mayoría de sus propuestas, con lo cual, tras la proyección, la decepción fue aún mayor. La historia que plantea, llena de sectas y sueños premonitorios, aparte de resultar descabellada e ilógica, está llena de poros por todas partes. Más allá de cuatro escenas oníricas impactantes arropadas por una brillante dirección artística, del correcto trabajo interpretativo de su plantel de actores y de su cuidada interpretación, la cinta se pierde en medio de un guión un tanto ridículo y deslavazado, pues es tan poca la fuerza narrativa empleada que, al espectador, le acaban importando un pimiento los avatares de dos personajes desconocidos que, en sus respectivos sueños repetitivos, ven siempre a la misma mujer morir de idéntica manera. Por cierto, qué pena da ver lo que se ha llegado a envejecer Franka Potente.


La mañana siguió de forma aún mucho más pesarosa con la proyección del film británico The Book of Birdie, una paja mental, cargada de simbología religiosa, lenta y repetitiva, en la que su realizadora, Elizabeth E. Schuch, a través de una joven adolescente huérfana cuya abuela la interna en un convento, intenta orquestar una intelectualoide crítica sobre la religión y la fe difícil de digerir. Su cargante puesta en escena (en la que incluso, sin venir a cuento, inserta escenas de animación), su somnoliento ritmo narrativo y la insulsez de su protagonista, Ilirida Memedovski, hacen de éste un producto tedioso y totalmente olvidable. La primera menstruación, los escarceos sexuales de la novicia con la hija del jardinero del lugar y las conversaciones de la joven con el cadáver de una monja suicida, son algunos de los ingredientes del patético y pretencioso cóctel en donde el toque onírico, al igual que en el título de Balagueró, tampoco podía faltar.


Con The Bad Batch la cosa no es que mejorara mucho. La cinta, dirigida por Ana Lily Amirpour (la misma que presentara en Sitges hace unos años Una Chica Vuelve a Casa Sola de Noche), nos presenta una historia distópica ambientada en una apocalíptica sociedad futura muy al estilo de Mad Max en la que, en pleno desierto de Texas, conviven caníbales, drogadictos e inmigrantes sin papeles. No se puede negar que la cinta empieza de forma prometedora con el secuestro de una joven a la que un grupo de caníbales le amputan una pierna y un brazo, aunque todo comienza a desinflarse tras lograr escapar de ellos para llegar a una nueva comuna dominada por un ser mesiánico (un engordado Keanu Reeves) que obliga a comulgar con tripis a sus súbditos. La lógica de su primera parte desaparece por completo, convirtiéndose en una locura sin sentido y sin lograr hacer creíbles los actos y las decisiones de su protagonista femenina, una espléndida Suki Waterhouse, lo mejor del producto, sin lugar a dudas, junto con la extraña colaboración de un desconocidísimo Jim Carrey dando vida a un solitario y sucio vagabundo mudo. Por cierto, si alguien me explica el significado de la escena final, me hará un favor inmenso.


Por suerte, con la proyección de la excelente Wind River se logró encauzar de alguna manera la patética jornada. Dirigida por Taylor Sheridan (guionista de Sicario y Comanchería), este es un magnético thriller que transcurre en los alrededores de una reserva india y en la que un cazador de animales depredadores descubre el cadáver de una joven asesinada medio enterrada en la nieve. La cinta se centra en la investigación que éste y una novata agente del FBI inician para dar con el asesino. Sobria, perfectamente narrada, con un modélico dibujo de sus principales personajes y con un spring final digno de tener en cuenta: más no se puede pedir. Jeremy Renner, Elizabeth Olsen y Graham Greene se llevan el gato al agua con su solvencia en un producto en donde el misterio, el racismo y los malos rollos de un pasado muy cercano se mezclan con perfecta fluidez. De lo mejor del Festival hasta el momento.


Ya, en sesión golfa, se volvió de nuevo al sinsentido total y absoluto con Tonight She Comes, un delirante producto imposible de definir y en la que un grupo de jóvenes (dos chicas y dos chicos) se verán envueltos en una enloquecida y absurda patraña, sin pies ni cabeza, en donde rituales satánicos, muertos vivientes, sangre a borbotones y fenómenos inexplicables que ni siquiera su propio director y guionista entiende, un tal Matt Stuertz que, en sus delirios visuales y narrativos, demuestra ser un completo inútil: de hecho, a él sólo le interesaba verter gore al precio que fuera (tampones ensangrentados incluidos), cuatro desnudos femeninos y unas gotitas de humor de lo más burdo para amenizar la función. El guión es lo de menos, la cuestión es hacer ruido, mucho ruido, cuanto más mejor y, a ser posible, apoyándose en una música machacona y repetitiva. Lo más preocupante del asunto es saber el porqué, con una calidad tan ínfima, esta cinta ha sido seleccionada para ser proyectada en este Festival.


To be continued…

18.10.17

SITGES 2017: Jornada 2 (de muñecas diabólicas, enfermedades surrealistas y actrices comprometidas)

El viernes 7 de octubre, segundo día del Festival, el Auditorio del Meliá Sitges amaneció con Annabelle: Creation, una precuela de los Expedientes Warren que, en esta ocasión, nos muestra los orígenes satánicos de una muñeca (la Annabelle del título) que ya se ha convertido en un icono del cine de terror. Dirigida por David F. Sandberg, el mismo de Nunca Apagues la Luz, este es un film efectivo que, a pesar de no ofrecer nada nuevo al género, mantiene la atención del espectador y se muestra capaz de crear un insano ambiente enrarecido e inquietante en la platea. Ambientada en la casa de un fabricante de muñecas quien, años después de perder a su hija en un accidente, decide aceptar en su domicilio a un grupo de seis huérfanas acompañadas de una monja, esta es una precuela mucha más digna que su antecesora, Annabelle. De hecho, Annabelle: Creation termina justo cuando se iniciaba el irregular título anteriormente citado. Un entretenimiento cargado de sustos y escenas tensas que, sin embargo, nunca pasará a la historia del cine por su poca (o nula) originalidad.


La mañana continúo con El Sacrificio de un Ciervo Sagrado, el nuevo largometraje del autor de la sobrevalorada Canino y de la insoportable Langosta, el griego Yorgos Lanthimos y que, al igual que en el último título citado, vuelve a contar con la colaboración de Colin Farrell quien, en esta ocasión, está acompañado de Nicole Kidman. Al igual que en sus otros dos films, la primera media hora resulta lo más tentador del invento ya que, el tal Lanthimos, sabe tentar a la perfección al espectador jugando, como siempre, entre el absurdo más absoluto y una peculiar atmósfera entre inquietante y un tanto enfermiza. Después, una vez descifrada un tanto la trama, la cosa empieza a perderse, cayendo en reiteraciones muy cansinas y apoyándose en un lentísimo tiempo narrativo capaz de provocar la somnolencia en el espectador; una somnolencia que ni siquiera pueden evitar las buenas interpretaciones de su pareja protagonista. La cinta narra la degradación y la enfermedad que asaltan a un matrimonio con dos hijos que se ven tocados por las malas artes (no muy bien plasmadas en pantalla) ejercidas por un joven que está dispuesto a vengarse de un hecho del pasado provocado por el padre de familia, un reputado cirujano que mantiene una extraña relación con el muchacho. A pesar de su buena factura, sigue la tónica de sus productos anteriores: o sea, rara y aburrida hasta extremos insospechados. Un timo más del Lanthimos (sin que valga la redundancia).


Personalmente, la jornada la cerré asistiendo a la rueda de prensa otorgada por Susan Sarandon, actriz que acudió al certamen para recoger un premio honorífico y presentar, en sesión golfa, una proyección de su ya mítica The Rocky Horror Picture Show. En ella, habló con mucha profundidad, de la excelente serie televisiva Feud, en la que daba vida a Bette Davis para plasmar así la relación de ésta con Joan Crawford durante el rodaje de ¿Qué Fue de Baby Jane?, esta última interpretada por Jessica Lange en la pequeña pantalla.

Dando un repaso a su extensa filmografía, quiso puntualizar, entre otras cuestiones, que el personaje por el que siente más apego de toda su carrera es el de la hermana Helen Prejean de Pena de Muerte, rol que le llevó a conseguir su único Oscar.


Haciendo gala de su compromiso social y político, como buena activista que siempre ha demostrado ser y en referencia al momento actual que vivmos en Catalunya, quiso dejar bien claro que siempre estará al lado de la autodeterminación de los pueblos. Maravillosa Susan Sarandon.


En el próximo post, un poco más sobre el 50 aniversario de Sitges. 

17.10.17

SITGES 2017: Jornada 1 (de mujeres enamoradas de un pez, familias acosadas por sectas y émulos de Star Wars y similares)

El pasado sábado finalizaba la 50ª edición del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges; una edición marcada, ante todo, por la presencia de rostros famosos y actos de todo tipo aunque, en parte, tocada por una de las programaciones cinematográficas más irregulares de los últimos años.


Antes de pasar a hablar de las películas que he podido visionar durante los diez días que duró el certamen, les dejo un link con el palmarés de este año.

Doy un salto al pasado y viajo hasta el jueves 5 de octubre, la jornada inaugural; una jornada que abrió con La Forma del Agua, el nuevo film de un Guillermo del Toro que, en esta ocasión, también apadrinó el Festival de este año. Su cinta, protagonizada por unos espléndidos Sally Hawkins, Richard Jenkins y Michael Shannon, está ambientada en la Norteamérica de los años 60, en plena guerra fría, y nos acerca a la historia de amor que nace entre una joven muda, empleada como mujer de la limpieza en un laboratorio militar, con un hombre pez fruto de un experimento científico. Una nueva vuelta de tuerca al mito de la bella y la bestia, en la que del Toro, a través de un despliegue visual tan atractivo como muy personal (fiel a su cine de siempre), se embarca en un producto melodramático y fantasioso que, por momentos, roza la comedia aunque, en el fondo, apuesta por una imparable tragedia cargada de tintes poéticos. Algunos altibajos en su narración no suponen impedimento alguno para que esta fábula se haya convertido en uno de los títulos más recordados y (a pesar de sus irregularidades) más loados del certamen, empezando por la exquisita banda sonora compuesta por Alexandre Desplat. Atención, ante todo, a sus magnéticos (e inundados) títulos de crédito iniciales.


A continuación, tuvimos que sufrir una serie B (tirando a Z) que llevaba por título Jackals, una especie de Perros de Paja en plan patético y en formato familiar: o sea, una familia en el interior de una cabaña solitaria en el bosque y acosada por una secta sanguinaria que, con sus embates, pretende recuperar a uno de sus hijos al que habían secuestrado con anterioridad. Ridícula, pésimamente planificada (y montada) y con un plantel de actores totalmente desmelenados, de entre los que destacaría a una envejecidísima Deborah Kara Unger en el rol de la madre sufridora. Dirigida por Kevin Greutert, la cosa quiere asustar y no asusta y pretende epatar con su supuesta línea gore y en realidad te deja indiferente. Hacía tiempo que no me enfrentaba a un título cargado de tantos personajes sin entidad alguna. Mejor corramos un tupido velo.


La jornada la terminé con Science Fiction Volume One: The Osiris Child, un entretenido film de ciencia ficción muy deudor del cine de los 80 que, dirigido con cierto brío por Shane Abbess, pretende abrir (tal y como su título indica) una nueva serie cinematográfica. Un poco de todo, aunque un tanto sin pies ni cabeza, al servicio de una historia en la que pilla un mucho de Star Wars, otro poco del ritmo de los Indiana Jones y otro tanto del sinfín de películas nacidas al amparo de la saga galáctica de George Lucas. Planetas interestelares, una niña con ganas de reencontrarse con su padre militar, evasiones de cárceles futuristas, monstruos gigantescos e imperios malignos con poco aprecio por la población; todo ello filmado con mucho fuerza aunque con muy poca chicha argumental. Más de los mismo, lo que hace que al salir del cine, uno olvide a los pocos minutos todo cuanto acaba de ver.


En el próximo post, más sobre el 50 aniversario del Festival de Sitges; un Festival que, por cierto, ayer noche, tras la detención de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, se posicionó y colgó un tweet sobre el tema. Chapeau.
¿Mandan a prisión a gente pacífica que organiza manifestaciones pacíficas? ¡Pensábamos que el Festival había terminado ayer!

8.10.17

SITGES 2017: Desconectando


Desde el pasado jueves que ando por Sitges, con ganas de alejarme un poco de la realidad y sumergirme en la celebración del 50º aniversario del certamen.

Una vorágine de películas y rostros conocidos del Séptimo Arte; numerosas conversaciones con viejos amigos y conocidos, tanto cinéfilas como sobre el momento que nos ha tocado vivir y, de propina, ese microclima especial que siempre envuelve al Festival.

Los que estén interesados en acercarse hasta el lugar para disfrutar del cine fantástico, aquí les dejo el link imprescindible para que le den un vistazo a la programación de este año.

Personalmente, hasta el día de hoy, ya he visto un poco de todo y he disfrutado como un cosaco con la rueda de prensa ofrecida por una gran dama del cine: una espléndida y cabal Susan Sarandon que ha demostrado entender mucho mejor que Rajoy el proceso de autodeterminación del pueblo catalán.

Cuando acabe el festival y desde la placidez (o no) de mi domicilio, al igual que cada año, les informaré de todo lo que ha supuesto esta edición.

2.10.17

Hoy no va de cine. Va de rabia.


No es el Chile de Pinochet. No es la Argentina de Videla. Es la España de Rajoy, esa España franquista que aún sigue activa y que tiene los santos cojones de autodenominarse demócrata.

Hoy, como catalán, escribo desde la rabia y la indignación. Ayer mi tierra se vio agredida de manera brutal. De forma desproporcionada, la Guardia Civil y la Policía Nacional, bajo las órdenes de un gobierno que nunca ha demostrado el más mínimo indicio de cariño hacia Catalunya, cargó contra nosotros por usar unas armas tan peligrosas como urnas y papeletas; armas que ellos deberían de considerar como de destrucción masiva. Ellos tenían (y tienen) la fuerza de las armas y nos dispararon con balas de gomas (artefacto prohibido por el Parlament catalán), nos rociaron con gases lacrimógenos, nos apalearon con sus porras y hasta insultaron a nuestras mujeres mientras las iban golpeando, pateando e incluso rompiéndole los dedos de una mano, uno a uno, a una joven mientras le sobaban los pechos. Un ataque indiscriminado. A los muy salvajes les daba lo mismo la edad de aquellas personas a las que humillaron con su violencia desacerbada, tan sólo por defender pacíficamente los colegios electorales con el objetivo de salvaguardar unas urnas que, en muchos casos, nos fueron usurpadas por las sucias manos de esa policía invasora. Unos machitos de mierda que desbravaron su ira contra un pueblo al que siempre han odiado. Robocops sin cerebro programados para matar.


Me siento orgulloso de haber formado parte de una de las mesas electorales que ayer se montaron en Catalunya (de forma voluntaria al no haber acudido los titulares de la misma) y, al mismo tiempo, me siento altamente ofendido cuando oigo a ciertos líderes políticos del PP, Ciudadanos y PSOE afirmar, de forma falsa, que algunos de los censados llegaron a votar en más de una ocasión. Una mentira absoluta; una de esas numerosas y cansinas mentiras de las que viven algunos políticos y la mayoría de medios informativos del resto de España desde hace ya demasiados años, con la única finalidad de crear una catalanofobia desmesurada. Les puedo asegurar que en mi mesa, al igual que en todas las de Catalunya, se controlaron todos los votos a través de un sistema informático al que no pararon de hackear a lo largo del día para reventar el referéndum de autodeterminación y que indicaba la posibilidad de haber votado con antelación. Tanto es así que, en mi mesa, se negó el voto a dos personas que no estaban censadas.

Hoy siento asco. Asco de seguir perteneciendo a un país que, por norma, se ha negado siempre al diálogo. Asco cada vez que veo por televisión a un palurdo franquista como Rajoy o a una enana energúmena como Soraya Sáenz de Santamaría, una mujer que no para de vomitar su ira sobre mí país. Asco cuando oigo hablar a cualquiera de los miembros de su gobierno y de su partido; un PP corrupto que, más que un partido, es un grupo mafioso en toda regla. Asco cuando veo a las gentes de C’s, un partido de fascistas empecinados en lamerle el culo al Marianico y sus huestes purulentas. Asco cuando los del PSOE y PSC me hablan de legalidad, empezando por su líder espiritual, ese achacoso de Felipe González que esgrime impunemente el imperio de la ley cuando él fue el primero en saltarse la legalidad organizando un grupo terrorista para acabar con ETA. Asco. Asco. Asco.

El día de ayer no lo olvidaré en mi vida. Ayer se cruzaron demasiadas líneas. Mai l’oblidarem. Visca Catalunya!

Por cierto, el número de placa del agente que le rompió los dedos de una mano a una chica, mientras la humillaba insultándola y metiéndole mano, es el 4U21. Un mal bicho, al igual que los responsables de haber ordenado tan brutal agresión a mi país..

22.8.17

Cómo destrozar un clásico

En 1971, con El Seductor, Don Siegel realizaba uno de sus mejores films en el que, basándose en la novela de Thomas Cullinan, mostraba una visión muy distinta de la guerra de secesión norteamericana. En ella, un soldado yanqui malherido, era recogido y escondido en una apartada escuela sudista de señoritas, lugar en el cual, entre pasiones y recelos de las jóvenes internas y de la propia directora del lugar, descubría su insano poder de manipulación sobre todas las mujeres que le rodean.

Protagonizada por Clint Eastwood, uno de los actores fetiche del director (quien, con el tiempo, se convertiría en uno de sus alumnos más aventajados), cedía, sin embargo, la mayor parte de la fuerza interpretativa del film al personaje de la directora del internado, una espléndida Geraldine Page quien, con su excelente trabajo, dotaba de una vis tremendamente enfermiza al rol al que encarnaba: el de una mujer amargada y solterona que vivía de los recuerdos de un pasado en el que se avistaba una relación incestuosa con su propio hermano; relación que aquí en España, mediante el doblaje, la censura franquista se encargó de convertirla en una relación marital
.

Una película excelente y contundente en todos sus aspectos: tensa, claustrofóbica, dotada de un inquietante toque de terror gótico y en donde, aparte de Eastwood y Page, brillaban con luz propia Mae Mercer (la criada de color del centro), la pequeña Pamelyn Ferdin (toda una experta en la caza de champiñones), Elizabeth Hartman (la profesora sensible y enamoradiza) y la perversilla Jo Ann Harris (una jovencita seductora y calenturienta).

Uno de esos títulos que nunca me cansaría de repasar.


Ahora, 46 años después de su estreno, Sophia Coppola, desde La Seducción, revisita de nuevo la misma novela de Cullinan, dando su propia visión de la historia y dedicándose más al preciosismo visual que no a exteriorizar esas partes más morbosas y sombrías que dotaban de personalidad al trabajo de Don Siegel.

La cinta, a pesar de su corrección escénica, empieza patinando por culpa de las sosas interpretaciones de Collin Farrell (el yanqui herido) y de una autómata Nicole Kidman en el papel de Miss Martha, esa solterona y amargada directora de la institución; un personaje del que Coppola, al igual que la censura española de los 70, se ha encargado de eliminar el mínimo rastro de su sombrío pasado incestuoso, tal y como también ha hecho con la supresión de la sirvienta de color, un personaje éste casi imprescindible en un producto ambientado en una escuela de señoritas en el Sur de los EE.UU. durante la guerra de secesión.


Al contrario que el título original, la nueva propuesta aburre hasta a las musarañas. No inquieta en absoluto y, lo que es peor, resulta repetitiva en todo cuanto expone, ya que la cinta no avanza casi nada durante su metraje, mostrándose incapaz de mostrar al espectador los motivos por los cuales sus personajes actúan de un modo u otro. Eso sí: cuando llega a su final, éste se me antoja desorbitadamente precipitado (aunque, en este caso, conserve las mismas constantes que las del título de 1971).

Suerte que, para paliar un poco el soponcio general de la función, por allí pululan un par de actrices que están perfectas en sus respectivas interpretaciones: Kirsten Dunst, a la que le sienta como anillo al dedo el rol de mujer enamoradiza, y Elle Fanning, fantástica dando vida a una calientabraguetas de muchísimo cuidado.


Un consejo, pasen del remake y píllense cuanto antes cualquier edición en DVD o Blu Ray de El Seductor de Don Siegel. Eso sí: disfrútenla en su versión original subtitulada ya que, si optan por la versión doblada, se van a dar de morros con el puto doblaje alterado de la época.

8.7.17

Apocalypse Now... y otras lindezas


El próximo miércoles se estrena en nuestro país La Guerra del Planeta de los Simios, la tercera entrega de una trilogía que se inició con la correctísima El Origen del Planeta de los Simios y continuó con la más irregular El Amanecer del Planeta de los Simios. Con este nuevo capítulo, su director, Matt Reeves (que ya dirigiera su segundo episodio), aúna, con total funcionalidad, el género fantástico con un sentido muy potente de la aventura.

La Guerra del Planeta de los Simios arranca dos años después de la anterior, cuando los primates y los humanos supervivientes de la llamada “gripe de los simios” están en plena guerra por el planeta. César sigue liderando el grupo de monos que le apoyan, mientras que los seguidores del desaparecido Koba (el simio “malo”) se han convertido en los “lameculos” oficiales del ejército humano establecido.


Lo mejor de esta nueva entrega, aparte de sus brillantísimos efectos especiales y del trabajo de Andy Serkis escondido bajo la piel digitalizada de César, se encuentra en esa mezcla de géneros y guiños cinéfilos que su realizador va barajando a lo largo y ancho de su proyección. De hecho, sus primeros minutos evocan claramente a Platoon y tantos otros títulos ambientados en la guerra del Vietnam, en donde la jungla, las trincheras y las estratagemas militares se convertían en los principales protagonistas de los combates expuestos.

Después, tras un trágico suceso que marcará la existencia de César, la cinta da un vuelco hacia esos westerns de toda la vida en donde la venganza devenía en el principal leitmotiv de la historia, pues tanto temática como escenográficamente la película nos traslada hacía un sinfín de títulos del género.


Un clarísimo homenaje a La Gran Evasión y una perversa referencia al Apocalypse Now de Coppola con el trastocado coronel Kurtz incluido (un genial Woody Harrelson evocando al personaje de Marlon Brando), cierran un film que mezcla, con sabiduría e ingenio, un montón de escenas de acción perfectamente planificadas con momentos ciertamente intimistas y calmados; pasajes que, por cierto, hacen que el producto se aleje un tanto (y de forma positiva) del típico blockbuster veraniego.


Un acertado producto que contentará a los seguidores de la saga y que, a lo largo de su metraje -tanto con la presencia de Cornelius (el hijo pequeño de César) como con la aparición de una niña muda-, va dejando caer algunas de las claves que la acercaránn cada vez más a El Planeta de los Simios original, el de Franklin J. Schaffner de 1968 con Charlon Heston, el mítico título que los más cinéfilos del lugar siempre recordarán de forma muy especial.


Muchos la acusarán de película prefabricada, de cinta parida directamente desde un laboratorio hollywoodiense para contentar a todos los públicos. Pero, prefabricada o no, La Guerra del Planeta de los Simios cumple a la perfección con su cometido y acaba resultando un entretenimiento en toda regla. Toda una monada, vaya.