30.1.18

YoGa 2018

El colectivo Catacric (Catalans Critics), reunido en la noche del 29 de enero del 2018, en un céntrico lugar de Barcelona, ha decidido otorgar los 29º anti-premios YoGa a lo peorcito de la producción cinematográfica del año 2017.
En sus deliberaciones, el jurado, anónimo y mutante, como cada año, desde hace 29 inviernos, ha tenido en cuenta las apreciaciones, comentarios y sugerencias de los lectores de esta web y de las diferentes redes sociales, como Facebook y Twitter.

Cine extranjero

- Peor película: YoGa El Menor Espectáculo del Mundo, a El Gran Showman, de Michael Gracey.


- Peor director: YoGa Payaso Sin Fronteras, a Sean Penn, por Diré tu Nombre.

- Peor actor: YoGa ¡Cuidarín, Ricardo! (Darín), por Nieve Negra.


- Peor actriz: YoGa Nadie Quiere a e Esta Bi-noche, a Juliette (Binoche) por La Alta Sociedad y Ghost in the Shell.

Cine español

- Peor película: YoGa Vaya Par de Gemelas, ¿Te Das Cuen?, a Contratiempo, de Oriol Paulo.


- Peor director: YoGa Un Bayona Viene a Verme, a Sergio Sánchez, por El Secreto de Marrowbone.

- Peor actor: YoGa Cruz y Raya’ a José Mota, por Abracadabra.


- Peor actriz: Yoga Que Baje Dios y la Vea a Belén Cuesta, por La Llamada.


Especiales




- Uno de los nuestros: Yoga Catalana por el Mundo a Margarita Chapatte, por la vuelta al idem en 200 festivales.

28.1.18

Cuando el bien y el mal se dan la mano



Un pequeño pueblo de la Norteamérica profunda. Una chica violada y asesinada. Una madre dolida por la pérdida de su hija y dispuesta a hacer frente a la policía local incapaz de dar con el culpable. Tres carteles de carretera, situados a la entrada del pueblo y alquilados por la madre, en los que se denuncia la ineficacia policial. Situaciones más que suficientes para que Martin McDonagh, su realizador, desencadene una historia magnética que navega entre el thriller, el melodrama y la comedia negra. Su título: Tres Anuncios en las Afueras.


Tras habernos sorprendido gratamente con Escondidos en Brujas y Siete Psicópatas, el director londinense, al igual que en su anterior film, vuelve a instalarse en los EE.UU. para afrontar otro producto sin fisuras en el que, conservando ese humor un tanto cínico que le caracteriza y le otorga personalidad a su obra, hace un perfecto dibujo de sus personajes principales al mismo tiempo que brinda un curioso estudio sobre la maldad y la bondad humana. El mal y el bien solapándose e interactuando en cada uno de sus bipolares protagonistas; una simbiosis casi filosófica que, en el fondo, no es más un cruel retrato de una considerable porción de la sociedad actual.

Su guión es preciso, tanto en el desarrollo de su historia como en la construcción minuciosa de sus personajes. A McDonagh nada se le escapa de las manos en su escritura y es capaz de sorprender al espectador en cada uno de los giros de guión y sorpresas que va planteando a lo largo de su metraje. Nada es lo que parece a simple vista pero, en la bipolaridad que desborda su matemática trama, también todo es lo que parece desde un buen principio. El juego de asociaciones psicológicas tan sólo acaba de empezar.


Una fenomenal Frances McDormand interpreta a las mil maravillas a Mildred, esa madre coraje que, en su obstinación por que la policía atrape al asesino de su hija, no dudará en sobre limitarse en sus acciones; una McDormand de Oscar casi cantado que se verá perfectamente arropada por un Woody Harrelson fuera de serie dando vida al jefe de policía local, mientras que un brillante Sam Rockwell, siempre al límite del histrionismo pero sin caer nunca en él (tal y como demanda su particular personaje), da vida a Dixon, un agente de policía un tanto desquiciado que lleva demasiados años dominado por la tiranía de su anciana madre.


Un microclima especial envuelve a los habitantes del pueblecito en el que se desarrolla la acción; un microclima que afecta claramente a los habitantes del mismo, desde el citado jefe de policía, pasando por el dentista de la localidad o el enano enamoradízo (curioso Peter Dinklage) y terminando por el joven hermano de la víctima. Un ambiente enrarecido al que han de acercase como espectadores, ya que no lo pueden dejar escapar de ninguna de las maneras pues, en el fondo, Tres Anuncios en las Afueras contiene grandes dosis de CINE en mayúsculas. De lo mejorcito que he visto en tiempo. Para disfrutar desde el primer al último minuto.

17.1.18

Recopilando (y II): Lo más peor del 2017

Con cierto retraso por cuestiones personales, al fin les dejo con lo más patético de la cosecha del 2017, tal y como les había prometido. Y, como siempre, de lo peor a lo más peor: del 10 al 1 y, un poco como despreciándolas, sin mucha parrafada. Al más puro estilo telegráfico.

10.- Dunkerque. Sé que a muchos les parecerá ofensiva la elección del film de Christopher Nolan como una de los peores del años pero es que, últimamente, su filmografía me parece tan pedante y aburrida que me he negado en redondo a que quedara fuera de la lista. Cine de autor precocinado y truculento para agradar directamente a los más “culturetas” del lugar, o sea, a aquellos que, por prestigio, nunca se atreverán a darle estopa a un título de este director. Personalmente, me quedo con el tratamiento que al episodio de Dunquerque le dedicaba la más sencilla Su Mejor Historia.


9.- Los del Túnel. A medio camino entre la sitcom más blanca y el melodrama más absurdo se sitúa este inaguantable trabajo de Pepón Montero, un hombre procedente del mundo de la televisión. Un casting insoportable (capitaneado por un chirriante Arturo Valls) y un sinfín de gags absurdos sin gracia alguna, son la base principal para narrar las relaciones entre un grupo de personas que, tras haber quedado atrapados en el interior de un túnel, decidirán seguir viéndose una vez a la semana.


8.- KIngsman: El Círculo de Oro. Si su primera parte (Kingsman: Servicio Secreto) funcionaba a las mil maravillas como una sátira sobre el universo de James Bond y similares, esta secuela se sitúa a las antípodas de su original. En esta ocasión, el guión brilla por su ausencia mientras que su director,  Matthew Vaughn, opta por el exceso en cada una de sus escenas. La verdad es que no hay por donde pillarla. Por cierto, que pena me da ver a toda una dama del cine como Julianne Moore metida en una insignificancia como ésta.


7.- La Seducción. O como Sophia Coppola es capaz de destrozar un film tan contundente como El Seductor de Don Siegel, ya que se ha dedicado más al preciosismo visual que no a exteriorizar las partes más morbosas y sombrías que dotaban de personalidad al trabajo original, aparte de suprimir algún que otro personaje imprescindible. Colin Farrell y Nicole Kidman están de un soso que tumba y la película, aparte de no avanzar en su trama, acaba aburriendo hasta a las musarañas.


6.- La Momia. Terror de estar por casa y en la que todo su inexistente guión es suplido por una avalancha festivalera y abrumadora de efectos digitales. Muy poca salsa para un film que, en el fondo, lo único que pretende es que Tom Cruise pueda lucir su palmito. Mucha acción y mucha tontería pero se trata de un producto que, a pesar de sus pretensiones, no entretiene ni a los palomiteros de turno. Y lo peor de todo es que, viendo su final, uno se teme que tenían prevista otra de esas franquicias cinematográficas interminables.


5.- Guardianes de la Galaxia Vol. 2. Un poco lo mismo que le ha ocurrido a la secuela de Kingsman: si su primera parte resultaba original, ingeniosa y tremendamente divertida como clara sátira y divertimento sobre Star Wars y superhéroes galácticos, en esta entrega, su director, James Gunn, ha perdido la frescura que exhibía en su título original y se deja llevar, única y exclusivamente, por la ley del mínimo esfuerza y por un sinfín de efectos especiales. Más de dos horas de proyección, tan inútiles como acomodaticios y dotados de un sentido del humor de lo más simplón. Pesarosa como un día sin pan.


4.- Zona Hostil. Entre ese toque entre militarista y españolista de la que hace gala de manera nada subliminal, este título de Adolfo Martínez se me atravesó a los pocos minutos de proyección. En él se narran las heroicas peripecias de los integrantes de una misión de rescate del ejército español para sacar del desierto de Afganistán a un convoy americano que, escoltado por la mismísima legión española, ha sufrido un atentado al pisar una mina. ¡Pero qué buenos son nuestros militares, coño! De vergüenza ajena.


3.- Toni Erdmann. Una comedia alemana que, a mi gusto, no hay por donde pillarla y en la que se narra la relación entre una joven consultora alemana establecida en Budapest con su padre, un tipo extraño que se le aparece de nuevo en su vida y que se dedica a amargarle la existencia mediante un sinfín de bromas tan surrealistas como estúpidas. Dos horas y media de la nada absoluta. Una tomadura de pelo que, extrañamente, ha entusiasmado a los cuatro gafapastas que quedan. A todo le llaman comedia. Los yanquis amenazan con un remake protagonizado por Jack Nicholson. A lo mejor, hasta tiene más gracia.


2.- Silencio. Y Scorsese, tras haber filmado La Última Tentación de Cristo, se planteó la posibilidad de volver a aburrir a las plateas de forma soberana sobre otro film de corte religioso. Y así nació el muy plasta Silencio, un trabajo interminable, lento y farragoso, en la que se narra la odisea que vivieron en pleno siglo XVII dos jesuitas portugueses en busca de su mentor en un Japón dispuesto a exterminar a los cristianos de la faz de la tierra. Para mear y no echar gota.


1.- A Ghost Story. Un paja mental más que intenta ofrecer una nueva visión del cine sobre fantasmas; una perspectiva pedantilla y ridícula ya que, su espectro, se pasa todo el metraje pululando como una ánima en pena cubierto por una sábana con un par de agujeros en los ojos. Tal cual. Metáforas por un tubo y estúpidas segunda lecturas. Aburrida y lenta hasta extremos insospechados; tanto es así que, durante casi cuatro largos minutos, nos endosa un plano fijo en el que Rooney Mara, sentada en el suelo de su cocina, se zampa una inmensa tarta a desgana mientras es observada por la triste figura del fantasma enfundado en la sábana. Ver para creer. Aún no sé qué narices nos ha querido contar su director con tal disfunción cinematográfica.


Pues nada. Sigamos adelante con el 2018, a ver que sorpresas nos depara.

1.1.18

Recopilando (I): Lo más mejor del 2017

Como cada año, hoy toca apuntar las que han sido, a mí gusto, las diez mejores películas del 2017. Al igual que siempre, algunos títulos han quedado fuera de la lista, tal y como ha sucedido con la entretenida y acelerada Atómica, ese curioso biopic sobre el propietario de McDonalds que atendía por El Fundador, la locura claustrofóbica de El Bar de Álex de la Iglesia o, por ejemplo, la interesante secuela de Trainspotting, T2 Trainspotting.

Pues allá que vamos. Aquí tienen las 10 mejores del año. Y, como siempre, de menor a mayor relevancia. O sea, del 10 al 1.

10.- Abracadabra. Tras la interesante y premiada Blancanieves, Pablo Berger vuelve con una curiosa cinta en la que se mezclan diversidad de géneros. Comedia, melodrama, fantástico… Un poco de todo al servicio de una historia en la que un tipo bastante impresentable (genial Antonio de la Torre) queda poseído por un ser maligno tras una sesión de hipnotismo que nada tiene que envidiar a la de Woody Allen en La Maldición del Escorpión de Jade. Para rematar la cosa, añádanle un aire almodovariano en la descripción suburbial del ambiente en donde viven sus principales protagonistas y, como guinda final, la presencia de una soberbia Maribel Verdú en la piel de la esposa del hombre poseso. El invento funciona. Y funciona muy bien. Que bien se le da el cutrerío a Berger.


9.- Barry Seal: El Traficante. Uno de los mejores films protagonizados por Tom Cruise durante esta década. En él, y dirigido con ritmo y muchísimo sentido del humor por Doug Liman (el mismo de Al Filo del Mañana), Cruise da vida, basándose en un caso real, a Barry Seal, un ex piloto de una línea comercial que, tras haber sido reclutado por la CIA, terminó colaborando activamente con el cartel de Medellín. Un film divertido que, por su trepidante narrativa, deja muy poco respiro al espectador y en donde el actor, después de mucho tiempo, deja entrever sus dotes como comediante. Entretenimiento en estado puro. Ya querría más películas así a lo largo del año.


8.- Fe de Etarras. Estrenada en el pasado festival de San Sebastián y distribuida primero a través de una plataforma televisiva antes de verse en (poquísimas) salas comerciales, este es un excelente divertimento de Borja Cobeaga que, contando con un brillante Javier Cámara, logra urdir una simpática trama sobre los coletazos finales del grupo terrorista ETA. Ambientada en una pequeña capital de provincias durante el verano de 2010, justo cuando se estaba jugando el mundial de fútbol en Sudáfrica, aparte de mostrarse como una comedia inteligente que se acerca a un tema delicado durante muchos años, Cobeaga, con la ayuda de su excelente plantel de actores y de un guión sin fisuras, logra colarnos un buen número de gags muy celebrados (como el de la gigantesca bandera española con el torete incluido o el primer atentado de la célula terrorista protagonista). Para disfrutarla al cien por cien.


7.- Baby Driver. Cine de acción y comedia perfectamente conjugados gracias al savoir faire de su director, Edgar Wright (el de Zombies Party y Bienvenidos al Fin del Mundo, entre otros títulos). En esta ocasión, dotando a su trabajo de un ritmo endiablado, nos cuenta la historia de un joven adolescente especializado en fugas automovilísticas siempre bajo el ritmo de su particular banda sonora quien, por deudas del pasado, le debe varios favores al jefe de una banda mafiosa para el cual trabaja. A la simpatía de su joven actor protagonista (Ansel Elgort) hay que sumarle la fuerza del elenco adulto que le rodea: desde Jamie Foxx, pasando por Jon Hamm y terminando por (el últimamente controvertido) Kevin Spacey. Una sobredosis de aceleración a tope. Para amantes de subidones de adrenalina.


6.- Lady Macbeth. Sin tener nada que ver con la obra de Shakespeare, se trata de un film pausado y reposado que, al mismo tiempo, viene cargado de una mala leche impresionante. Ambientado en la Inglaterra rural de 1865, su director, William Oldroyd, sabe deshacerse de todos los tópicos del acartonamiento habitual en este tipo de cintas y dota a la misma de una sensibilidad muy especial a la hora de narrar las vicisitudes de una mujer maltratada por el matrimonio con un hombre mayor de edad al que no quiere y su posterior castigo al iniciar un romance con un trabajador de la finca en la que vive. Atención a Florence Pugh, su protagonista femenina principal, una chica que, a buen seguro, dará mucho que hablar en productos futuros.


5.- Locas de Alegría. Tras la interesante y compacta El Capital Humano, el italiano Paolo Virzi nos obsequia con una agridulce comedia que basa casi toda su fuerza en sus dos protagonistas principales: una potentísima Valeria Bruni Tedeschi y una sorprendente Micaela Ramazzotti quienes, en el film, interpretan a un par de mujeres que logran escaparse del centro psiquiátrico en el que estaban recluidas. La primera es una mujer charlatana bien relacionada con la alta sociedad italiana, mientras que la segunda es una joven adolescente que, en su interior, esconde un secreto difícil de desvelar. Una historia de amistad y sentimientos de todo tipo que, en el fondo, abriga una de las películas más tristes de la temporada.


4.- El Caso Sloane. Un excelente thriller político con un poderoso punto crítico sobre la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, aquella que protege el derecho a poseer y portar armas a los ciudadanos norteamericanos y en el que una ejecutiva sin escrúpulos (brillante en su ambiguo personaje Jessica Chastain) se enfrentará al lobby armamentístico para lograr una nueva legislación sobre el control de la tenencia de armas. Un trabajo vigoroso, lleno de ágiles y contundentes diálogos y capaz de poner en solfa uno de los grandes conflictos de la sociedad norteamericana actual. Cercana, en intenciones, al mejor cine de Costa-Gavras.


3.- La La Land (La Ciudad de las Estrellas). Todo un homenaje cinéfilo al mundo de los musicales, en donde los guiños a películas claves del género no se hacen de esperar. Un brillante ejercicio de estilo que se apoya en un sinfín de referentes. Cine, cine y más cine, se acumula en una cinta que, escrita y dirigida por el propio Damien Chazelle, acumula una buena cantidad de números musicales en los que se mezclan la magia del momento, la fuerza de su sencillo aunque magnético guión y el buen hacer de su pareja protagonista: un controladísimo Ryan Gosling y una sorprendente Emma Stone, rebosantes ambos de una química muy especial. Visualmente arrebatadora, escenográficamente atractiva, emotiva, divertida y capaz de remover todo tipo de sentimientos en el espectador.


2.- Estiu 1993 (Verano 1993). Carla Simón, en su debut como directora cinematográfica, ha elegido narrar sus propias experiencias de pequeña cuando, tras morir sus padres, tuvo que abandonar la ciudad de Barcelona para irse a vivir con sus tíos a una vieja masía en medio de la montaña. Allí, habrá de habituarse a su nueva vida y a compartir sus extrañas sensaciones con sus padres adoptivos y con la pequeña hija de estos. Un trabajo franco, directo, valiente y con la emotividad a flor de piel en cada uno de sus planos. A destacar el trabajo de sus jóvenes protagonistas (en especial el de Laia Artigas, la niña huérfana) y la sencillez y sobriedad con la que afrontan sus respectivos papeles Bruna Cusi y David Verdaguer, los padres adoptivos. Difícil evitar un fuerte nudo en la garganta en algunas de sus escenas finales.


1.- Manchester Frente al Mar. Una historia compacta, dura y triste (¡tristísima!), que tiene por protagonista a un hombre con el que la vida se ha ensañado de mala manera, un tipo que acumula en su existencia todo tipo de golpes; golpes que le volverán a azotar duramente cuando regrese a su pueblo natal para asistir al funeral de su hermano, pues allí afrontará de nuevo a los fantasmas de su pasado y lidiara con un sentimiento de culpabilidad difícil de eliminar. Al frente, un Cassey Affleck brillante que, pese a su complejo papel, afronta la construcción del mismo de forma totalmente sobria y creíble, sin extralimitarse en ningún momento. Una película pausada, contenida y tremendamente amarga, como una potente patada en la mismísima boca del estómago. Su director, Kenneth Lonergan, ha conseguido un trabajo especialmente emotivo y crudo. Uno de los títulos indiscutibles del año, tanto por su delicada puesta en escena como por la magistral interpretación de su protagonista principal.


En pocos días, lo más peor del 2017. 

Por cierto, ¡feliz año nuevo!

16.11.17

SITGES 2017: Jornada 9 (de inmigrantes que levitan, teenagers que mueren una y otra vez y cortes de electricidad)

Viernes 13 de octubre, penúltimo día del Festival. Una jornada que empezó con Jupiter’s Moon, la cinta húngara que se alzó, finalmente, con el premio al mejor largometraje de esta edición. Una extraña mezcla entre el cine de superhéroes y la denuncia política que se abre ,de forma frenética y atractiva, con la masiva entrada de inmigrante cruzando de forma ilegal una frontera mientras son tiroteados sin miramientos por la policía. En Jupiter’s Moon hay un poco de todo: un ilegal herido capaz de levitar, médicos corruptos y polis con demasiada mala leche. La primera parte engancha, tanto por su atípico planteamiento como por su cuidadísima realización (a pesar de abusar un tanto de la cámara en mano), pero luego la cosa se complica en exceso y el guión empieza a hacer aguas por todas partes. En definitiva, se trata de un indigesto cóctel entre el cine de Costa-Gavras y los X-Men.


Si con A Day ya tuvimos un homenaje, muy a la coreana, de Atrapado en el Tiempo, ahora se vuelve a repetir guiño al magistral bucle temporal urdido Harold Ramis con Feliz Día de tu Muerte, una película norteamericana que, dirigida por Christopher Landon y dirigida claramente al público adolescente, nos enfrenta al caracolillo diario que vivirá una joven estudiante para evitar que, al final de su jornada, sea asesinada de nuevo. La cosa, aparte de una buena factura, tiene su gracia, pero al final acaba cansando. Entre que su guión se me antojó excesivamente facilón y que su joven protagonista femenina, una tal Jessica Rothe, me pareció de lo más soso, no acabé de entrar del todo en una propuesta poco original y llena de guiños a montones de films con asesinos portadores de caretas diversas y especializados en degollar a teenagers. Poca cosa, aunque para muchos (de forma sorprendente) resultó de lo más refrescante.


El día lo cerré con Survival Family, una simpática producción japonesa que, a medio camino entre la comedia y el cine de aventuras apocalípticas, coloca al espectador en la piel de los miembros de una familia de Tokio, los Suzuki, cuando estos ven trastocada su rutina social y laboral habitual al quedarse todo el país sin electricidad. Dispuestos a iniciar un nuevo tipo de vida, deciden abandonar la ciudad y buscar un nuevo lugar en el que instalarse. Una correcta cinta, cargada de buenas intenciones que, sin embargo, peca de alargar en extremo su metraje (cercano a las dos horas), lo cual acaba influyendo en el estado de ánimo de un espectador que, a la hora y media, ya ha sufrido todo lo sufrible por los avatares por los que han de pasar los Suzuki.

Y en el próximo post, el final de la 50ª edición.

6.11.17

SITGES 2017: Jornada 8 (de leyendas vascas, fantasmas estonios y de merecidos descansos)

Después de un pequeño paréntesis, sigo con la información relativa a la 50ª edición del Festival de Sitges.

El jueves 13 de octubre, la mañana se abrió con Errementari, un film vasco y hablado en euskera que, producido por Álex de la Iglesia y dirigido por el debutante Paul Urkijo Alijo, entra de lleno en las leyendas populares vascas, en una historia que, ambientada en la Álava del siglo XIX, mezcla el folklore del país con un muy peculiar descenso a los infiernos y en donde, un herrero y una niña huérfana, destapan una oscura historia en donde los pactos con el diablo se convierten en la orden del día. Curiosa aunque irregular cinta que, contando con una parte inicial bastante atractiva, va perdiendo fuelle hasta llegar a un episodio final, de tintes fantásticos y demoniacos, en donde el cartón piedra obtiene un cansino y especial protagonismo.

A continuación sufrí la proyección de November, un film procedente de los países bajos y que llegaba al festival precedido de cierto prestigio. Aparte de contar con una espléndida fotografía en blanco y negro, no hay nada más que pueda avalar el citado prestigio de este producto. Aburrido, pedante, sin pies ni cabeza y capaz de provocar profundas somnolencias y raudas fugas del Auditorio del Meliá. Dirigido por el estonio Rainer Sarnet, se trata de una presuntuosa fabula fantástica en la que, en medio de paisajes helados y nevados, se mezclan fantasmas de familiares muertos, hombres lobos, enfermedades mortales y un poco de magia negra. Si les he de ser sincero, ante tanta pretenciosidad narrativa y visual (llena de planos y escenas interminables), yo fui uno de los que decidió escapar de la sala. En el exterior hacia un día magnífico como para desperdiciarlo con tomaduras de pelo tan inmensas.


En resumen: un día tranquilo. Como el cansancio de tanto cine ya empezaba a hacer mella en mí, decidí dejar por unas horas el Séptimo Arte aparcado en un rincón y disfrutar la mi estancia en Sitges. Hasta al día siguiente, claro está.

To be continued…

3.11.17

Hoy tampoco va de cine

Hoy me siento triste, cabreado e impotente ante un estado español que ha mostrado su cara más oscura y franquista; un estado, que ellos llaman de "derecho", en el que no existe la separación de poderes y en la que fiscales, jueces y gobernantes comen del mismo plato, al igual que hacen los perros. Una España purulenta, gobernada por el partido más corrupto de Europa y que aún se permite el lujo de hablar de “legalidad” sin avergonzarse de ser, en realidad, un grupo mafioso que, durante años, se ha estado embolsando todo el dinero público que ha caído en sus manos. Una España miserable que, al igual que en tiempos del dictador Francisco Franco, vuelve a tener presos políticos en sus prisiones. Y todo ello, bajo el beneplácito del PSOE y del PSC y de una Europa encorsetada que mira hacia otro lado, ignorando que los catalanes somos también ciudadanos europeos a los que se nos está privando de los derechos humanos más fundamentales.

Repito: tristeza, cabreo e impotencia, pues con sus métodos represivos no se arregla el problema. Al contrario, se agrava hasta límites insospechados.

Visca Catalunya! 

Llibertat presos polítics ja!!!!

30.10.17

SITGES 2017: Jornada 7 (de westerns violentos, viudas vengativas, serial killers adolescentes y familias disfuncionales)

Por la mañana, a primera hora, pude disfrutar de Brimstone, una de las mejores películas del Festival y que, precisamente estos días, se puede también disfrutar a través de algunas plataformas de televisión y de su reciente edición en DVD y Blu Ray. La cinta, dirigida por el danés Martin Koolhove, es un western sobrio y duro, totalmente compacto y en el que sobresalen una maravillosa Dakota Fanning y un soberbio Guy Pearce, dando vida, este último, a un reverendo satánico y extremadamente hijo de puta. Narrada en cuatro capítulos desordenados temporalmente de forma expresa, Brimstone nos acerca al infierno que vive una mujer muda por culpa de la existencia de un sacerdote malévolo y vengativo. 148 minutos sin desperdicio alguno: cada nueva escena ofrece alguna pista para entender mejor el calvario de Liz, el principal personaje femenino de la excelente propuesta. A tener muy en cuenta, ante todo, el segundo acto, aquel que transcurre casi en su integridad en el prostíbulo de un pequeño pueblecito del Oeste. Canela en rama.


La segunda de la mañana ya fue otra cosa: un rollo tremendo, vaya. Se trataba de Marlina the Murderer in Four Acts, un film indonesio con cierto toque de western polvoriento que, dirigido por Mouly Surya y de manera altamente absurda, nos propone una extrañísima (y aburrida) historia de venganza en manos de una mujer que, tras enviudar, es violada por un grupo de hombres que a continuación también le roban las reses de su propiedad. Momentos de alto surrealismo (o, mejor dicho, de pedantería supina) al servicio de un largometraje que provocó varias fugas en el auditorio del Hotel Meliá. Escenas plagadas de un silencio absoluto, decapitados tocando una mandolina y un interminable viaje en un autobús destartalado, así como un caprichoso (y sin sentido) guiño al Quiero la Cabeza de Alfredo García de Peckinpah, son algunos de los ingredientes que sumieron a la platea en la modorra total. Personalmente, conseguí oír varios ronquidos en la sala. Y, como otros muchos, también emprendí la huida antes de quedarme totalmente sobado.


Más interesante fue My Friend Dahmer, la película de Marc Meyers que, basada en el cómic de Derf Backderf, narra los años de adolescencia de Jeffrey Dahmer, el denominado Carnicero de Milwaukee, un asesino en serio responsable de la muerte de 17 personas entre 1978 y 1991. De hecho, My Friend Dahmer se acerca a la extravagante personalidad de este sombrío personaje justo antes de iniciar su carrera homicida, en sus años como estudiante y bajo la atenta mirada de Derf, uno de sus compañeros de clase más cercanos. Film controlado, perfectamente interpretado y totalmente inquietante. En nada truculento, la cámara de Meyers se acerca a las excentricidades del polémico personaje intentando no juzgarlo en momento alguno, sino dejando que el espectador vaya descubriendo por si mismo los rasgos más oscuros de un joven que estaba direccionado hacia el crimen y el canibalismo. Turbadora y elegantemente sobria.


El día lo cerré con Matar a Dios, una alocada comedia española dirigida en comandita por Albert Pintó y Caye Casas. Su premisa argumental es ciertamente prometedora, pues la posibilidad de que Dios se aparezca en el seno de una familia disfuncional, durante las fiestas navideñas, y les proponga la posibilidad de salvar a dos de los suyos antes de que al amanecer se haya extinguido toda la humanidad, tiene su coña. La cosa, en un principio, funciona y la va amenizando con gruesas gotas de humor negro, pero sobrepasada la primera media hora de proyección, Matar a Dios queda encallada y cae en una repetición abusiva de todos sus gags; chistes que, en muchos casos, me resultaron tan facilones como poco inspirados. De todos modos, vale la pena tener en cuenta el buen trabajo de Eduardo Antuña, ese vendedor de quesos reconvertido en representante de actores en la serie televisiva ¿Qué Fue de Jorge Sanz?, sin lugar a dudas lo mejor de la irregular comedia.


Próximamente, un pelín más.